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martes, 30 de diciembre de 2014

EL TENDERO, EL BANQUERO Y EL TITIRITERO.



    El tendero se aburre en su negocio y hasta en su ocio; de hecho no se distinguen demasiado. Algunos incluso han convertido su ocio en un negocio. Se sienta tras un mostrador y ve pasar las horas angustiado por su eterna úlcera de estómago, su eterno estreñimiento, o sus eternas almorranas, sin duda sobre todo estas últimas un padecer muy de tendero. El tendero que no sólo es un tendero sino que piensa como un tendero, no tiene que ser necesariamente un tendero. Puede ser un funcionario en funciones o retirado. Un peón de la construcción que sueña tener un pequeño negocio. Un taxista o conductor de autobús que busca desesperadamente ''otra cosa''. Busca comodidad, esa palabra tan deseada. Ha renunciado a todo por ella, o querría renunciar. Ciertamente en otras épocas y/o en otros lugares puede que la vida sea más excitante pero los riesgos que se pagan por ello no lo suple. Para eso los tenderos tienen sus parques temáticos, sus centros comerciales, sus teatros, cines,  sus 'secretos inconfesables' que pueden pagar a elevado precio. Por ello drogas, armas y prostitutas son los tres grandes negocios que dan más dinero a la par de también ilegales; el tendero cree que sus secretos son de veras secretos, y  para tenerlo más  claro lo convierte en leyes y reproches a sí mismo; tiene un gran sentido de la culpabilidad. Así que prefiere culpar de todo a los mediadores, a los banqueros, a los proxenetas o traficantes de armas o drogas. Nunca reconocerán que si existen esas cosas es porque ellos las consumen. El tendero necesita un arma tanto como un país armamento, y también drogas legales o ilegales, y como no, prostitutas. Son sus necesidades. Pero es que el proxeneta y el traficante también piensa como un tendero. Todos quieren serlo. Pero cualquier tendero aún necesita algo de autenticidad para adornar su mundo bochornosamente monocromo. Y es por eso que no han prohibido directamente el arte pues les proporciona algo de color y 'metafísica' a su mundo de plomo fundido en bolsas de plástico. Siempre y cuando los artistas se conviertan en titiriteros y tengan debidamente cumplimentado su curriculum.
 

   El tendero puede ser de derechas o de izquierdas, pero siempre será un tendero. Stalin y Hitler con todo eran dos tenderos atormentados con afanes de grandeza. Porque cuando los tenderos dejan de serlo es porque se convierten seguramente en fanáticos narcisistas, en 'salvadores', en viles obsesos del poder, porque con él querrían eternizarse. Todo tendero aspira también a un panteón familiar. O bien a dar nombre a una plaza, a una calle, o al menos a algún monumento ecuestre cueste lo que cueste. 
 

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