Vistas de página en total

viernes, 20 de febrero de 2015

EXTRAIDO DEL BLOG ''GUERRAS POSMODERNAS''

Las teorías conspirativas como fenómeno cultural de la Nueva Guerra Fría


Cuando estudiaba BUP, allá por los principios de los noventa, el Aula de Cine de la Universidad de La Laguna organizó unas jornadas sobre ciencia ficción. Allí fui con un amigo a escuchar a Miquel Barceló. Menudo chasco. Nosotros, que éramos unos quinceañeros fans de Star Wars y Akira, encontramos a cuatro gatos hablando de cosas sesudas e indescifrables. De aquellas charlas me quedé con una idea que me resultó chocante. La ciencia ficción refleja el espíritu de una época. En aquellas jornadas se habló de cómo las películas de alienígenas invasores de cuerpos reflejaban el Zetigeist de la Guerra Fría y el miedo a la infiltración comunista. La ciencia ficción para mí era el uso de la imaginación para hablar de otros mundos. Y resulta que era una metáfora de nuestro tiempo. Fue muy desmitificador.
Hace un par de años, de paso por la biblioteca de Humanidades de la Universidad de La Laguna, eché un vistazo a la mesa de libros expurgados. Y me encontré Entre Ufólogos, Creyentes y Contactados: Una historia social de los OVNIS en España del antropólogo social Ignacio Cabria García. El libro ni siquiera tenía signatura. Estaba allí abandonando sin haber formado parte de los fondos de la biblioteca. Un síntoma, creo, de la absoluta pérdida de interés general por el tema. Pero a eso llegaremos al final.

Cabria cuenta cómo el fenómeno de los “platillos volantes” alcanzó popularidad a partir del avistamiento hecho en 1947 por Kenneth Arnold volando cerca del monte Rainier en el estado de Washington. Y cómo el tema de los invasores del espacio captó pronto la atención de Hollywood, con películas como “El enigma… de otro mundo” (1951), “Invasores de Marte” (1953) y “La guerra de los mundos” (1953). El tema reflejó primero el interés por la exploración del espacio. 10 años después del avistamiento de Arnold, la Unión Soviética lanzaba la sonda Sputnik 1. Una de las variantes del género gira en torno a la infiltración de los extraterrestres en Estados Unidos implantando un chip en los humanos para controlarlos a distancia o, como en el caso de “La invasión de los ladrones de cuerpos” (1956), sustituyendo a las personas por réplicas sin sentimientos. La metáfora de la infiltración comunista era evidente, con el eco del macarthismo de fondo y las películas de invasiones de marcianos hablando de extraterrestre colectivistas con mentalidad de colmena.
Tiempo después, en el contexto de la contracultura y la new age, el fenómeno de los OVNIs fue protagonizado por los “contactados”, personas que afirmaban haber tenido encuentros con los tripulantes de naves alienígenas. El acontecimiento había servido para recibir instrucciones de los seres de otro planeta para que transmitieran  un mensaje a la Humanidad a favor de la paz y una advertencia ante la inminente crisis ecológica. El fenómeno se convertía de nuevo en un reflejo de las inquietudes sociales del momento. Recordemos el informe Los límites del crecimiento de 1972. Y es que Carbria, aunque sólo lo revele al final del libro, trata de demostrar que los OVNIs no son un fenómeno surgido de la nada sino que fue el producto de una construcción social. Un detalle curioso que señala Cabria es cómo la descripción de las naves alienígenas fue cambiando a lo largo de los años. Si durante los primeros años de la carrera espacial las descripciones correspondían con el arquetipo del “platillo volante” y los ufólogos dedicaban largo tiempo a especular sobre las tecnologías de propulsión alienígenas, con el paso del tiempo los diseños descritos se iban estilizando hasta convertirse en “nubes” o “energía” cuando el fenómeno derivó hacia la espiritualidad new age. No por casualidad los relatos de los testigos fueron cambiando década tras década, ajustándose siempre al canon del momento.
El libro es de 1993 y señala el declive del fenómeno a finales de los años ochenta. Casualmente, cómo no, coincidiendo con el fin de la Guerra Fría. Cabria reconoce haber llegado al tema en su adolescencia y haber participado en excursiones al monte para observar el cielo. Luego fue integrante de grupos dedicados a la Ufología. Así que conoce bien el mundillo desde dentro. La suya es una mirada crítica desde la distancia con su dosis de autocrítica. Hace un recorrido por los arquetipos de grupos y personas. Señala la abundancia en aquel mundillo de personajes carismáticos que arrastraban a adolescentes y jóvenes con inquietudes para formar grupos ufológicos con nombres pretenciosos como “Centro de Investigaciones” o “Instituto de Estudios” que se derrumbaban tan pronto el personaje central desaparecía de la escena. Cabria cuenta cómo algunos de esos grupos lo formaban cuatro gatos, lo que no quitaba para que cada uno fuera director de departamento, sección o área. Incluso en ocasiones se trataban de grupos, unipersonales, lo que no era obstáculo para que el único miembro se presentara pomposamente como director o presidente. Cabria habla de cómo intervenía el afán de reconocimiento público de los “investigadores” y cómo en esos grupos el líder carismático aprovechaba la credulidad e inocencia de los más jóvenes. Habla del interés por los OVNIs como un “sarampión del período adolescente” (pág. 261), del que yo mismo confieso pasé las fiebres escuchando en la emisora local de la cadena SER a Paco Padrón.
Cabria habla del fenómeno como antropólogo equiparándolo a los antiguos mitos populares de brujas y demonios. Y creo que un tratamiento parecido debería darse a las teorías conspirativas que se han disparado desde el 11-S. Últimamente me genera menos enfado encontrarme a alguien que defiende que Al Qaeda o el Estado Islámico fueron creados por la CIA o alguien que sostiene que los atentados yihadistas de París del mes pasado fueron obra del Mossad. Ahora me dedico a prestar atención al contexto y la forma en la que persona lo dice. Porque hay patrones de conducta claros. Todos hablan con una enorme arrogancia y condescendencia, elaborando un discurso desde la idea que ellos están por encima de la masa de borregos que consumen medios de masas y de que han descifrado las claves ocultas de la realidad que los servicios secretos más poderosos manipularon. El discurso conspiranoico empodera a la persona y le hace sentirse único y especial. Como en el caso de los OVNIs, sospecho que tratar de buscar un orden oculto al mundo forma parte de un ritual de paso de la adolescencia. Abundan los blogs de diseño abigarrado, con fondo negro y una barra lateral llenas de enlaces, banners y widgets, donde el caos gráfico es un reflejo del orden mental del autor. “¡Vivimos en Matrix!“.
Las teorías de la conspiración reflejan los miedos colectivos de una sociedad que se encuentra de frente con el fenómeno del terrorismo indiscriminado contra medios de transporte y aglomeraciones de gente. La posibildiad de morir brutalmente en las calles de Occidente es real. Ante ese terror aleatorio de grupos yihadistas que le han declarado la guerra a Occidente, imaginar que todo es en realidad es el producto de una conspiración de los servicios secretos nos lleva a la promesa de que tarde o temprano se sabrá la verdad y volveremos a una era de paz y tranquilidad. Las teorías conspirativas en el fondo nos dicen que el terrorismo es una anomalía y que el orden real de las cosas es otro.
No es casualidad que Russia Today en español hable de OVNIs, que Cristina Fernández de Kirchner dijera que los atentados de París fueron la antesala de la muerte del fiscal Nisman o que una web francesa dirigida y financiada desde Oriente Medio como Voltairenet hable todo el tiempo de atentados de falsa bandera organizados por la CIA o el Mossad. Las teorías conspirativas son el fenómeno cultural de la Nueva Guerra Fría y una herramienta de propaganda.

jueves, 5 de febrero de 2015

PROBLEMA POLÍTICO.

Un  problema político realmente importante obliga a extender el concepto ''política'' a cualquier clase de comportamiento social e individual  cuando es un problema más bien sociológico y diría que hasta psicológico que consiste en que primero: los votos del sufragio universal, un derecho de la ciudadanía que no vino del aire ni se da en todos los países, afectaran a toda la comunidad pero la mayoría de la gente no vota pensando en la comunidad sino exclusivamente en sus intereses, o bien los intereses de sus grupitos económicos o sociales, y ni siquiera da valor a este derecho sobre todo cuando algunas generaciones ya ven como ''normal''. Segundo, el hecho de que el fútbol, o cualesquiera deporte más popular en un país, se presente no casualmente como igual de importante que cualquier otra noticia o información en la mayoría de los medios y conversaciones, hace que la visión del mundo de la mayoría se parezca al fútbol y por supuesto su visión política; algo muy útil para los partidos mayoritarios y todo tipo de poderes económico-políticos pero no para la mejora real de la sociedad en su totalidad y sus condiciones. Una visión del mundo de ''equipos'' no necesita de argumentaciones, ni de discusiones que no sean gritos, justificaciones y análisis simplificadores de la realidad.
O sea, que en general preocupe más el sueldo del vecino que las condiciones de vida no ya de tu país y tu comunidad sino hasta de tu barrio, es también un problema político. Y que esa soberana estupidez de que se es ''apolítico'' que mucha gente por ignorancia toma por autodefinición también lo es.